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ÓPERA
HERÉTICA. POESÍA SATÍRICA: RESEÑA
Autor: Fray Josepho
Grupo Unisón ediciones
Madrid, 2000
210 páginas. 14'4 € (2.400 ptas.)
¿Quién
es fray Josepho? Sólo se conoce de él su obra: poemas satíricos
publicados en la revista virtual www.docencia.com y, hasta hace poco,
en la revista Época. No cabe, pues, discutir acerca de su personalidad
más que a través de lo único que él deja ver:
su verbo ácido y afilado, su métrica perfecta, su erudición
poética y su habilidad fuera de serie para la escritura.
Ópera Herética es, en primer lugar, un libro de poesía;
pero es simultáneamente la crónica angulada e hirviente de nuestro
mundo, de sus obras y sobre todo de sus pompas. De la copla al soneto, del
romance a la cuaderna vía, no hay forma poética que no le pida
a fray Josepho su argumento y su personaje, personaje que nunca es, por cierto,
héroe de andanzas ecuestres o de legendarias hazañas: vale la
lectura de esta obra por la de mil periódicos de actualidad, o quizá
vale más, porque muestra lo que las premuras periodísticas no
permiten. Ha percibido el autor las subterráneas comunicaciones entre
unos y otros personajes, las compañías más o menos secretas
de unos y otros asuntos de nuestra sociedad, y así reúne en
capítulos su material: De dextra manu, De sinistra manu (en los que
hace presa en los politiqueos, naturalmente), o De re docente et calamitate
logsiana, el más extenso y probablemente intenso en su crítica,
que se hace definitivamente abierta y partidaria: partidaria de la enseñanza,
de la cultura, del sentido común y de la razón. ¿Razón
proclamada por un satírico? Precisamente ahí radica la fuerza
de la sátira poética española, que tiene en fray Josepho
el mejor de los relevos: descuartiza en risas al infame, al injusto o al simplemente
irracional; señala el absurdo, el abuso o el ridículo y construye
con sus malicias el muro que contendrá la inundación.
El satírico no puede disimular, y no disimula fray Josepho: "se
moja", como se suele decir, y a ninguno se le escapa su aversión
al cursi desvarío: De fictis nationibus et satrapis periferiae es el
título más o menos macarrónico, o quizá simplemente
barroco, de un primer capítulo a partir del cual el lector ya sabe
dónde se está metiendo: cómo va a haber reverencias y
genuflexiones, remilgos o beaterías en la estirpe quevedesca. A partir
de ahí, el vuelo del poeta coge altura y va eligiendo sus presas con
vista de águila y nada ni nadie se salva de sus garras, y por ese motivo
todos le achacarán, como se suele, la pertenencia a bandos y trincheras
ajenos. No hay como alejarse de cualquiera de estos para percibir que fray
Josepho y su obra son solamente ellos mismos, que no se casan con nadie, y
que así se naturaliza en ese territorio tan nuestro y a menudo tan
abandonado que es el de la poesía satírica. Alcanzar esta naturalización
no es suceso baladí, pues exige todo lo dicho y además calidad,
y en muy rara ocasión se puede afirmar, como en esta, que por fin ha
aparecido un heredero digno: fray Josepho.
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